domingo, 26 de febrero de 2017

DEUDAS DE POR VIDA


 "Estamos en plena cultura del envase. El contrato de matrimonio importa más que el amor, el funeral más que el muerto, la ropa más que el cuerpo y la misa más que Dios."
Eduardo Galeano.

A mí el reloj me debe casualidades.
Madrid me debe un tiempo muerto.
Mi sentido del ritmo me debe acordes,
y mis errores me deben, mínimo, un monumento.

¡Y la de mentes estrechas
que me deben
una jornada de puertas abiertas!

La poesía me debe musas
la realidad me debe ficción
la tristeza me debe excusas
¡hijos de la época del envase,
vosotros me debéis una puta explicación!

Recuerdo muertos que me deben dos o más sillas, café y conversación,
cuerdas vocales que me deben te-quieros efervescentes,
mareas que me deben botellas con las que curar a mis cobardes
primeras citas que me deben festivales de posibilidades.

(A lo que el maestro me recordó):
¡Y la de portazos sin motivo
que me deben
un par de signos interrogativos!

La justicia me debe razones sin resaca de posibles,
tu picardía me debe el placer de tu piel expuesta,
hay camas que me deben compañías,
y una docena de cometas que me deben vientos
y tormentas.

He sufrido "siempres" que me deben un "se veía venir "
soy testigo de "nuncas" que me deben un "quizás"
el tiempo me debe heridas, risas y un lugar al que poder huir
padezco de "bolsillos" que me deben "algo que rascar"

¡Pero qué te voy a contar a ti!

Tú que eras pestañeo y acabaste siendo guiño
que eras paso firme y acabaste siendo contoneo
Tú que venías desnuda y acabaste siendo abrigo
yo que te creía nudo y acabaste siendo alas

Tú, que no me debes nada:

Ojalá me debieras sonrisas de metralla y noches de guerra,
mañanas de pólvora mojada, madrugadas de trincheras…
Ojalá debiéndome nada
me abrazaras diciendo:
―Ven conmigo, hagamos que tus cuentas queden saldadas,

u olvidadas. 


viernes, 27 de enero de 2017

POLÍTICAMENTE POÉTICO

"Se preguntó, como había hecho tantas veces, si no estaba loco. Tal vez un loco no fuese más que una minoría de uno solo." George Orwell. 1984.


En la dictadura de tu ausencia
todo se me antoja obsoleto y pronto caduca.
El silencio actúa con nocturnidad y alevosía,
el insomnio es esta noche mayoría absoluta
y pese a mis enmiendas y alegatos,
solo queda declararme culpable, señoría. 

¡Extra! ¡Extra! 
Ministro de verdades en entre dicho y amores de entre tiempo
es encontrado muerto cabalgando sobre los leones del congreso.
Diputado ebrio amante de los despechos y los naufragios televisados,
en un pleno desierto, 
consigue aprobar 
el sufragio universal
para cada una de tus formas de caminar
de desvelar, provocar, y morder
las zonas de confort de los demás. 

Por alusiones, añadiré: 
Quiero vivir a la altura de tu boca 
ser ignorante testigo de tus auroras boreales 
mustio espectador de cada uno de tus recitales
bailarte los lunes 
irme con la anarquía de tus curvas de bares
ser el objeto de tus antojos y tus ultrajes.

Desnúdate de decretos ley 
Aleja tu cuerpo de monarquías
deshazte de la reina y sobre todo del rey
confiésate revolución 
infiel a la constitución.

Hay en el libre mercado de tus pupilas
una crisis en cada lágrima escondida
En la bolsa de valores de tus lunares
vive una suerte de riesgos, locuras y azares.

Tus pecas son una manifa que recorre tu piel
exigiendo reconocer los derechos de la mujer

Allí se rescatan guiños y pestañeos 
tus faldas, bailes y vestidos
son tu única campaña electoral 
tu risa tu himno,
tu piel tu bandera,
tu único ejército, la libertad. 

Eres arte provocado,
la furia de un pueblo 
que ha conseguido que su dictador
haya abdicado

Ave autóctona de mis parajes
que emigra en primaveras árabes
Prefiero tus cicatrices de valiente
a la piel intacta de los cobardes
Que sepas que toda ceniza, al verte, 
recapacita y arde

El plebiscito popular
declara que el acusado
minoría de uno solo
y loco
por lo que a él respecta,
sea condenado 
a quererla perpetua 

lunes, 12 de diciembre de 2016

SECRETOS

        Resulta que, revisando mis primeros relatos me encuentro con que están atiborrados de puntos suspensivos. Constantemente. Siempre los usaba en momentos de tensión. Me veo ahora obligado a preguntarme qué había tras esos puntos, qué ocultaba repetidamente y qué me negaba a escribir, a hacer explícito.
        También recuerdo la sensación de saber mucho más de lo que ahora leo en mis escritos. En algunos momentos ―depende del relato― es obvio, y se puede deducir, pero en otros se me antoja imposible averiguarlo. Y ahora, está perdido, para siempre. Es un secreto que quedará reservado para quien sepa interpretarlo y para mi "yo" adolescente.
        Me pregunto cuántos secretos más nos hemos empeñado tanto en ocultar que hasta nosotros hemos acabado por perderles el rastro. ¿No es esa la verdadera función de un secreto? ¿o es acaso el de revelarlo en el momento apropiado? Sé que buscamos por naturaleza una verdad universal, o al menos una que nos valga. Pero, ¿y si ningún secreto fuera revelado? Si fuéramos tan estrictos moralmente que nos fuera imposible irnos de la lengua. ¿No quedarían entonces tantísimas confesiones de amor, o de lo que sea, en el olvido?, ¿no quedaría la verdad coja y a oscuras?
        Porque seamos sinceros, el primer amor, y tal vez el resto también, empieza siempre siendo un secreto. Se viste el amor de secretismo y el vestido le queda que ni pintado.
Nunca confesarlo,
nunca delatarnos o gritarlo
sería tan cobarde y miserable…
Y no me refiero a las palabras,
hay tantas confesiones
que serían maltratadas por las palabras,
tantas…
Siento que de no decir nunca lo más profundo,
de no sincerarnos,
nos instalaríamos allí,
echaríamos raíces en esa profundidad,
crecería la oscuridad propia de sus entrañas,
y después…
Me imagino,
de no incumplir los más bajos secretos,
vivir enmascarado de por vida,
acariciando los suaves pliegues de mi disfraz,
sirviéndome de él para reírme de los demás
y correr ocultando mi identidad,
gozando de mi farsa la usaría para…
También,
viviría preso de mis secretos,
atorment…
Yo,
por si fuera ese el caso
querría decirte que
te quier…