lunes, 23 de mayo de 2016

SIÉNTESE AQUÍ

—Siéntese aquí, ¿cómo se siente hoy?
—No lo sé.
—Pero… párese, piénselo un momento, yo me siento bien, a gusto, todo el mundo sabe cómo se siente, ¿cómo os sentís vos?
—…

Asustado;
como lo está la libertad de los axiomas,
como se siente el ruin a solas,
como un pueblo sin historia,
como un imbécil sin diplomas .

Necesario;
como la puñalada que le damos al vinilo,
como el temblor de un escalofrío,
como Emily Mandel, un boli y su estilo,
como recordarte y encabritar veintiuno
                                          de mis latidos.

Perdido;
como un desahucio sin resistencia,
como un afluente sin su río,
como mujer sin acento,
supersticioso sin mandamientos.
Perdido como ellos sin dinero y clero,
como nosotros sin risa y sexo,
como una verdad robada a tientas.
Perdido sigo, andando, y a sabiendas.

Bailando;
como la golondrina le baila al estanque,
como tu sonrisa le baila a mi escudo,
como al profesor aburrido, le bailan sus pupilos.
Bailando;
como la música baila con tus ojos cerrados,
bailando sin compás,
sin razón para bailar,
con el miedo del que piensa que si deja de moverse
la música no volverá a sonar.

Esbribiendo,
mucho,
por si olvido
saber donde vivo.
Con amigos,
todos,
por si río
que sean testigos.

viernes, 22 de abril de 2016

LOS VI VENIR

Los vi llegar
trajeron preguntas de las que decían ser los dueños
señalaban siempre atrás
maltrataron el lenguaje
vendieron viento a precio de suspiros
vestían prepotencia, corbata y traje
pedían comida saciados
eran rebaño sin pastores
        presos sin cadenas
        nichos sin flores

Los vi venir
nos convencieron de lo enfermiza
que podía llegar a ser la orilla
Tan fácil fue que lo hicieran
que lo que nunca vi venir
es que ellos
ya vivían aquí,
               en ti y en mí.

domingo, 28 de febrero de 2016

VIDA IMPERTINENTE


     Es impertinente, la vida, como la niña que en lugar de alzar la mano, alza la voz y pregunta sin conceder un respiro a su interlocutor. ¡Ay la vida! yo la imagino, también, frustrada ante la confusión de algunos, que enzarzados en diatribas nimias, afanados en discutirla, acaban por perderla sin llegar a comprenderla. También la imagino embarcada en viajes caprichosos, donde el guía, ruborizado por su impertinencia, se dedique a reivindicar su voto de silencio y así consiga despistarla, apartarla de una imagen clara de un destino, o una hora de llegada.

    La imagino, a veces, débil y moribunda, ajena a su propia naturaleza, sin ánimo para su impertinencia. Niego con la cabeza. “Imposible”, me digo. Es entonces cuando la vida se me antoja una atleta de fondo que avanza sin descanso, abarcando todas direcciones, en ambos sentidos (hacia fuera, y hacia dentro), impulsándose en los vivos, iluminándolos y despegándose de ellos para seguir saltando, a la carrera. De vivo en vivo, con un reguero de felices y saciados muertos tras su estela.

¡Qué impertinente es la vida!

    A veces me acosa la vida y me obliga a lanzar el grito a mis dedos, resultando discursos como estos: «Desde el primer momento en que admita que mi vida empieza a carecer de sentido, empieza a oxidarse, como una fruta mordida, y a tomar el color que le corresponde por definición: el de una mierda (me niego a utilizar otro término más literario); Será entonces, si así lo reconozco, cuando me vea en la tesitura de tener que decidir si unirme a la costumbre popular de aceptarla como inevitable e incluso exponerla, orgulloso de la misma, presumiendo haberlo admitido, o, por otro lado, decida arrinconarla, pisotearla con alegría, admitir mi derrota y, si el dicho lleva razón, tener algo de suerte durante el tiempo que me reste».

    También la imagino lluvia. Prescindible es el vivo, imprescindible la vida: Eterna. La imagino bella, la puedo concebir en el dedal de mi abuela, dentro de una cajita de música, enterrada bajo la cabaña que construyen unos chavales un día de viento, deslizándose por las curvas de una mujer ajena a su tiempo, olvidada en la chistera de un mago, tañendo las campanas al vuelo, en el atardecer de tu mirada, en el fondo de un paragüero, sujeta con pinzas a las esquinas de una viñeta de cómic, de resaca entre tus piernas, puesta hasta arriba en una guerra de egos, durmiendo entre fronteras, rimando en el poema “Parecen prohibidos los te quiero-s”, congelada en el pulgar de un autoestopista, se desliza por la barra del parque de bomberos, avisa, late, alza el vuelo, viene lenta, se va deprisa… ¡ay la vida! 

    Como usted, señor Manrique, la recuerdo haber visto discurrir por la tierra ahondando en ella, formando cicatriz. La vi flotando en el río, la vi en la mar, la vi ahogada en un sirio sin mamá.

¡Qué impertinente es la vida!