lunes, 2 de febrero de 2015

AHÍ VAN

Ahí van ellos.
Pasan el día buscando parques de otoño donde sentarse a leer. Buscan tiendas de vinilos, libros de segunda mano y comida ecológica. Pasean descalzos por la playa escuchando música indie. Tienen una máquina de escribir antigua donde no escriben y algún que otro Klimt o Bansky colgado en la pared.
Te miran con ganas de poner a parir a Tolstoi o ensalzar a Cortázar. Apoyan el crowfounding y te miran, te miran tristes por que acaban de enterarse de lo último de Gaza.
Ven cine francés. Cortos de animación y películas de los cincuenta que ya nadie ve.
Escriben poesía, leen poesía, recitan poesía en bares de altura de barrios a pie de calle.
Sufren de insomnio y nunca han querido crecer.
Quieren cambiar el mundo. Eso se les nota a la legua.
Son Bloggers, Vloggers, Youtubers, Twitteros y más.  
Quieren cambiar el mundo. Eso se les nota cuando hablan.
Y usan las redes sociales como arma.
Apuntan
disparan…

y ahí queda. 

sábado, 13 de diciembre de 2014

HABLANDO DE LOS MÍOS

   Escribo a lo irreemplazable. A lo que un día yo mismo en confabulación con el tiempo, me arrebaté.
   Diría que hay noches, como las de hoy, en las que el sueño trae aires de infancia y juventud. Aires frescos. Pero mentiría si dijera que el vacío al que me veo asomado al despertar fuera por eso. Es, y así lo he soñado, cosa vuestra. De los míos. Con los que compartí esos aires frescos de una infancia que se me antoja ahora lejana y agotada.
    No hace falta que hable de las aventuras de las que he vuelto a disfrutar esta noche. A golpe de ojos cerrados. No hace falta, de los que fueron protagonistas, pocos, o ninguno me leen y no importan porque sólo cosas como: El tesoro del caserón, la vuelta las viejas, reinos olvidados…; tienen un sentido anclado al pasado de sólo unos cuantos. Lo importante es el vacío al que, esperanzado, creo padecer junto al resto de vosotros.
   En noches como esta veo mis estudios, mis amores, mis viajes y mis pasiones o aficiones, como tan sólo una búsqueda más de lo irreemplazable. Una búsqueda por volver a sentir las frenéticas sensaciones que se sentías cuando eras un niño y estabas con los tuyos.
   La intensidad elevada al más iluso y mágico exponente de nuestras aventuras. Sin las lecciones que nos da la vida, definitivamente, se vive mejor. Se sonríe más, se es mejor. Qué bonito sería volver a olvidar todo cuanto aprendimos, volver a aprehender todo cuanto olvidamos. Ver en el curso del río una aventura intrigante y misteriosa, y no el inoportuno paso del que saldrás mojado y cabreado.
   Y aún más valioso que todo lo dicho hasta ahora: Qué ha sido de los míos. No sólo estamos separados por la distancia. No sólo eso nos ha hecho a veces mutuamente indiferentes. Todos han sufrido este cambio que yo hoy padezco con más presencia. Cada uno ha derivado en una esencia lejana y distante de la base de la que, antes, juntos, todos nosotros partimos.
A veces los veo, quedo con ellos. 
Vamos a un bar o y nos tomamos algo todos juntos. 
Es entonces cuando creo que más los echo de menos.
Porque, si, son ellos, soy yo. 
Pero ya no estamos.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

ELLA, LA MÍA


En el fondo sabía que un día la escribiría.

La mía
la mía vivía al margen
que era donde solía escribirla.
Así era;
y vivirla donde ella vivía
era, también, como vivir entre líneas
pero con un nauseabundo olor a tuberías.

Si fuera por ella,
no sabría nunca donde andaba metida
ni porque lloraba,
ni porque esa manía suya
de andar arrastrando los pies
descalza
como si quisiera frenar al mundo
rayarlo
o romperlo;
poco más le daba.

Sólo sabías de donde venía ella
cuando la veías trepar por la pared
proclamando haberse enamorado
del filo de una espada.
Nunca de quien la portaba.

La mía
tragó tantos desfiladeros
que ahora ya
no hay rapaz
que no la quiera sobrevolar.

Era, ella, el margen,
la buhardilla repleta
de antiguos libros
y nuevas risas
a la espera de tempestades;
defensora bipolar de las caricias
declaraba la guerra a todos los dedales

Sabía que sólo negando el permiso a prohibidos la veías venir.

Al menos, casi siempre
ella indemniza el siniestro de un tropiezo,
la ironía de la caída,
con precipicios. Convexos.
Hacia dentro.

No había ambición que la abarcara
cuidarla sólo era otro camino más de huida,
no había sueño que la soñara
ella me costó la vida.
Sobrevivirla sólo era otra forma de morir.

Empujarla al olvido
era como intentar hacer
apología de la vejez.
¡Una locura de atar!

Ella, la mía.
Ella, la vuestra
Nos la andamos prometiendo con un mínimo de interés,
nos la hemos escondido, amordazado, apartado, arrancado…
para que no nos dejara ver
lo mucho que nos andamos matando.